Reseña

Noche de intensidad aromática vinícola

DEGUSTACIÓN VINOS DURAND VITICULTURA

Leopoldo Trejo
El Economista

Degustación vinícola realizada en un ambiente invernal, airoso y nocturno, en una zona de la Ciudad de México que ensalza la vida bohemia: la colonia Hipódromo Condesa. Ahí, los socios de El Economista Club se llenaron del espíritu aromático de los vinos de la Bodega Durand Viticultura, el cual lo extrae del terruño del Valle de Guadalupe, y de los sabores de los platillos mexicanos que ofreció la Fonda Mayora, un evento organizado en alianza con la distribuidora de vinos Ferrer y Asociados.

Con este lenguaje aromático extraído de las tierras mediterráneas de Ensenada, Baja California, El Economista Club y la Distribuidora Ferrer y Asociados inauguraron las degustaciones de vinos del 2017, una tradición de más de diez años, que incluye cocina de autor, ofrecida por diversos restaurantes de la Ciudad de México, como es el caso de la Fonda Mayora.

En esa noche bohemia, desarrollada “a pie de banqueta”, el anfitrión del evento, el enólogo José Luis Durand fue el alma de la degustación, quien en su narrativa demostró cómo a través de un proceso de acierto y error con microvinificaciones durante 12 años, logró crear vinos que expresaran, en boca del consumidor, los aromas que se extraen de la vid, de la uva y de la tierra, alejándose del “golpe alcohólico”, común entre los vinos de bodegas que se apegan al proceso industrial de producción vinícola de larga maduración, que dan prioridad a los taninos y al alcohol.

En ese proceso de microvinificaciones, encontramos diferentes tipos de suelo, variedades y adaptaciones; y aprendimos a “trabajar con cosechas tempranas para capturar la esencia de un aroma que refleja el año, el tipo de suelo y belleza aromática”, precisó José Luis Durand.

Mencionó que algo distinto ocurre “cuando se trabaja con taninos y búsqueda de alcohol, pues la tendencia es de maduraciones más largas, donde se busca la expresión alcohólica, potencia y volumen. Los taninos aportan sabor seco, áspero y astringente”. De ahí que el enólogo haya dicho que los vinos de la bodega Durand Vinicultura son hechos “a golpe de detalles y de delicadeza (que) expresan al terruño a través del lenguaje aromático”, debido a que es una producción pequeña y de calidad artesanal. “Producimos vinos más frágiles, más delicados, pero también más elegantes, más emotivos”, explicó. La obtención de los aromas del vino fue el tema de la noche, donde el primer, segundo y tercer tiempo de la cata-maridaje pasó de largo, una descripción que captó la atención constante de los socios de El Economista Club, quienes esta vez evidenciaban rostros de admiración hacia el discurso del enólogo. En ese ensimismamiento escucharon decir al también empresario José Luis Durand que la carne no es la esencia de la cocina mexicana, sino su complejidad e intensidad de sabores, que la empata con los aromas de sus vinos. Agregó que “el camino aromático de la cocina mexicana es el mejor para maridarlo con los vinos Durand porque no compite en astringencia o grasa, sino en aromas”. Y para no errarle recomendó seguir la regla típica del maridaje: “Debe ser proporcional al contenido de grasa. Mientras menos grasa, menos tanino, más acidez; y ante más grasa, más taninos, menos acidez”.

De los vinos de esta bodega degustados en la cata-maridaje, el enólogo explicó que Marella es su vino blanco vinificado a la antigua usanza, siguiendo métodos franceses. Contiene shardoney fermentado en barrica, con una mezcla de sauvignon blanc y moscato. Refirió que su marca Coco Rosé 2015 es un “tributo a la mujer fuerte”. No es un rosado clásico, sino seco y amargo, combinado con grenach y moscato. En tanto, el tinto Ala Rota, lo fabrica con varietales franceses en arenales del Valle de Guadalupe: cabernet y souvignon. Finalmente, Ícaro es un vino premium, con base en la variedad Nebiolo.

La característica clave de los vinos Durand consiste en que son cultivados en un terruño arcilloso y arenales, que le aportan rigor, así como estrés e iluminación de aromas que le dan personalidad.

La producción anual de la bodega Durand Viticultura es de 2,500 cajas, las que representan el 0.01% del mercado vinícola mexicano, después de un esfuerzo de 12 años, que comienza a marcar tendencia entre los vinos aromáticos.
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Cata-maridaje
Marella, vino blanco
Tostada de ceviche verde, con yerbas y pescado fresco
Cocó Rosé 2015
Sopes de tuétano,
Ala Rota
Lengua a la veracruzana
Ícaro
Pay de limón, casero de galletas maría
y base de crema de limón.

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