Reseña


Leopoldo Trejo

EL ECONOMISTA

Paolo Paoloni, a los 12 años de vivir en México, decidió convertirse en un pequeño empresario vitivinícola cuando se percató de que México es un país de oportunidades. Visualizó el Valle de Guadalupe ―el mediterráneo mexicano― como la región ideal para cultivar la vid, región que posee un clima y orografía similares al de su tierra natal, Le Merche, cerca de la Toscana, en el centro de Italia, donde nació Rafael, célebre artista del Renacimiento que pintó la Madonna.

Llegó al estado de Aguascalientes hace 34 años, contratado como enólogo por un empresario italiano de la industria vitivinícola. A los 12 años de laborar en México, descubrió el mar de oportunidades que ofrece la agroindustria del vino, que aprovechó, tras descubrirse con los “conocimientos, capital y voluntad para invertir en este sector vitivinícola”, además de aceptar correr los riesgos que implicaba esta empresa. El amor por esta industria le surgió porque creció en un ambiente familiar vitivinícola.

Hoy, después de 20 años de esfuerzo, y con visión de largo plazo, es dueño de la Bodega Montefiori con 20 hectáreas de viñedos, la cual inició con la compra de 40 hectáreas en el Valle de Guadalupe. Cada año plantó un promedio anual de tres hectáreas de vid, hasta fabricar 10,000 botellas de vino al año. Es un febril embajador comercial de su marca en el mercado mexicano, al que destina 80% de su producción; a Estados Unidos, 15 por ciento.

La cena-maridaje ―organizada por El Economista Club en alianza con la distribuidora de vinos Interamericana y el restaurante Zanaya, ubicado en el hotel Four Seasons de Paseo de la Reforma, en la Ciudad de México― se distinguió por su triple calidad: vinícola, culinaria y hospitalaria. Ahí, el enólogo ítalo creó una atmósfera degustativa con su perfecto español y expresiones propias de la cultura mexicana que generaban hilaridad.

Esa noche, Paolo Paoloni ofreció su vino Rosado Montefiori y cuatro tintos: Shiraz- Cabernet, Selezionato, Nebbiolo y Passito, degustados por los socios de El Economista Club, en maridaje con platillos del restaurante Zanaya, especializado en la cocina del pacífico mexicano. Pero, aunque fue un maridaje excelso aderezado con la cocina nayarita, socios de El Economista Club prefirieron una degustación financiera: inversión, costos, precios, rendimientos.

Con ADN italiano

Las variedades de uva las importó de Italia, que tropicalizó desde la forma en la que las cultiva y hasta cómo fabrica el vino. Por eso afirma que sus vinos son “100% mexicanos. En las etiquetas se lee lo siguiente: ‛vino mexicano con corazón italiano’”. Paolo Paoloni confiesa que la vitivinicultura le ha exigido dedicación total y que después de 20 años de arduo trabajo piensa: “¡qué chingón soy!”, pensamiento que borra en segundos de su mente. Ese éxito lo tienta a descansar, pues sería como un fondo de retiro, pero también a acrecentar el negocio con la compra de otro viñedo, aunque estima que con más barricas y tanques de acero inoxidable en las 20 hectáreas aumentaría en 10% la producción de su bodega, no más.

Esta cata-maridaje llevó a los socios de El Economista Club al éxtasis degustativo, pues aún embelesados, en sus mentes resonaba la frase: “México es tierra de oportunidades”. ¡Aprovechémoslas! ¡Hasta la próxima! -o-o-o-o

Cena maridaje
Vino: Rosato de Montefiori

Entrada
Vino: Shiraz Cabernet
Platillo: Tlayuda de Atún

Primer tiempo
Vino: Selezionato
Platillo: Sopa de Tortilla

Segundo tiempo
Vino: Nebbiolo
Platillo: Rib Eye

Tercer tiempo
Vino: Passito
Postre: Esfera de coco

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