Reseña
Restaurante Almara: arte culinario mexiterránea 

Degustación que estalla los sentidos

El chef Guy Santoro realizó una revolución de la cocina internacional mediante la fusión de las artes gastronómicas, mexicana y mediterránea
 

Festín gastronómico, internacional, nocturno realizado en el corazón de la Zona Rosa, donde los socios de El Economista Club fueron testigos de la exquisitez de los platillos del restaurante Almara, en los que se fusiona lo mejor de las artes culinarias de México y Francia, gracias al chef Guy Santoro, quien fue inspirado por la gastronomía mexicana, tras 18 años de conocerla y degustarla, fusión que denominó mexiterránea.
La revolución gastronómica del restaurante Almara es única en la Ciudad de México, propia de la cadena hotelera Las Brisas. En la velada, los socios de El Economista Club disfrutaron pastas preparadas al estilo del mediterráneo europeo, carne de ternera de Francia, aderezados con técnicas culinarias mexicanas, donde el aceite de olivo es el toque distintivo de este restaurante, ingrediente insustituible en la cocina mediterránea. “El 90% de los platillos del restaurante Almara contiene este tipo de aceite, 100% mexicano, de lo mejor en el mundo, comentó Leonardo Mejía, gerente del restaurante. Esa noche, el maridaje de los platillos mexiterráneos fue acompañado, en tres tiempos, con vinos de la región Beaujolais de Francia, de la bodega Georges Duboeuf, creada en 1956 al sur de la Borgoña, la cual aporta 18% de la producción total vinícola de esta región. Además, fabrica 2.5 millones de cajas al año con un valor de 16 millones de euros.

Durante el maridaje, la sommelier Carolina Morales, de la distribuidora Ferrer, siguió los cánones que marca toda cata de vino. Inició con la degustación del vino blanco Mâcon-Villages de Borgoña, hecho con el varietal 100% chardonnay, con 80% de fermentación maloláctica. En el paladar provocó buena salivación y posgusto, el cual, con el platillo de ceviche, a decir de los socios, resultó “rico y equilibrado”.
En el segundo tiempo se probó otro vino blanco, el Pouilly Fuissé, 100% chardonnay, el cual fue maridado con una sopa de cebolla, seis tipos de queso y pan campesino, donde no predominaron sobre el vino.
Llegó el momento del vino tinto, esta vez de la Borgoña, región de Francia, hecho 100% con la variedad gamay, sin crianza, intenso, el cual no secó la boca. Se maridó con un codillo de cerdo con papa horneada y salsa de alcaparra. Este tinto cortó bien la grasa. ¿El platillo?, excelente, expresaron los socios.
El segundo tinto, Beaujolais Villages, hecho 100% con el varietal gamay, se degustó en el cuarto tiempo, el cual, al maridarlo con una tabla de quesos, resultó equilibrado.
La velada gastronómica del 30 de octubre fue, quizá, el preámbulo de las fiestas de fin de año y de Año Nuevo, pues el restaurante Almara planea un evento gourmet con dimensión internacional, esta vez con una cena-baile, adecuada al bolsillo de los socios de El Economista Club y de los lectores de El Economista, ya que anuncia un menú de cinco tiempos, con champagne Taittinger Brut, tornafiesta y algo más. Sin duda, una ocasión que pocos se atreverán a dejar pasar. ¡Hasta la próxima!
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