Reseña
Degustación de vinos Envinarte
Acercamiento al vino mexicano

Por Diana Salado
El Economista

Paredes y techos cubiertos de madera donde alguna vez reposaron los vinos espumosos, una cava climatizada con diferentes vinos mexicanos y una barra de cristal blanco crearon la atmósfera perfecta para la cata que ofreció Envinarte a los suscriptores de El Economista Club.

Envinarte nació hace ocho años y es un espacio en donde no sólo se ofrece una fina selección de vinos mexicanos, principalmente del Valle de Guadalupe, en Baja California; también promueven el consumo de vino nacional con catas, cursos y talleres para conocer los productos, degustarlos y profundizar en la producción de los mismos.

La cita fue en la enoteca de Santa Fe el jueves 24 de enero. El primero en llegar fue Alberto Fernández Perez y compañía. Ellos tuvieron tiempo de conocer un poco más la cava de Envinarte, que ofrece buenos vinos a un excelente precio.

La guía de esta experiencia sensorial y gustativa de tres etiquetas fue la sommelier Wendoli del Río, quien luego de dar una introducción de lo que es Envinarte describió los vinos que los suscriptores probarían momentos después.

El primer vino a catar fue Impacto Blanco, 100% suavignon blanc, que tuvo su lanzamiento en esta cata, con una producción de no más de 2,000 botellas. A la vista, éste tiene un tono paja brillante, con destellos dorados y un ribete acerado; al olfato, floral y frutal, como manzana, piña, guayaba, miel e incluso orquídea; en la parte gustativa se reafirmó su sabor floral y tropical y con un postgusto largo por su potencia aromática. Sorprendente para muchos e “ideal para principiantes, muy casual y fácil de beber”, concluyó la sommelier. Al final se acompañó con un Crostini de queso brie con mermelada de guayaba y un toque de tomillo.

Parteaguas fue la segunda etiqueta a degustar. Un vino tinto francés con enología mexicana del 2009, en homenaje a Hugo D´Acosta, considerado por muchos el “Padre de la enología mexicana”. El resultado es un tinto con una pigmentación fuerte, añejada, color cereza profundo, con ribete rubí; sabor semiseco, amaderado, a frutos rojos, muy especiado y aromático. Se encontraron notas de eucalipto, jamaica, clavo, madera tostada y regaliz (raíz italiana). La mayoría de los asistentes lo sintió con una astringencia equilibrada. Su complemento fue una Bruschetta de queso de cabra con higo y crema de balsámico.

Finalmente, el tercer vino a degustar fue ÉSERE, el bebé de Envinarte. De este vino tinto con etiqueta diseñada por el escultor Jorge Yazpik se producen 4,500 botellas al año. “Una pasión embotellada; una obra de arte tanto por dentro como por fuera”, resumió la sommelier. 

Su color rojo medio, a granate, da unos destellos atejados en el ribete. Al olerlo, sutilmente se percibieron frutas secas, café, nueces, madera. Mientras más giraba el vino en la copa desprendía más olores. Un vino mucho más complejo en cuanto a las notas que aporta a la nariz, pero con un sabor poco dulce, predominantemente amargo y menos ácido. Su maridaje fue un Pincho de embutidos: jamón serrano, chorizo de Panplona y aceituna manzanilla. “Una sensación explosiva al paladar y muy grata”, dijo uno de los suscriptores. Para la mayoría fue el vino que más agradó tanto por su sabor como por su complejidad aromática.

Los suscriptores que participaron en esta actividad quedaron completamente satisfechos. “Esta experiencia de probar y conocer más el vino y luego hacer el maridaje fue perfecto”, concluyó Luis Palma, otro de los asistentes.

¡Hasta la próxima!

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