Reseña
Los socios de El Economista Club se prepararon dos cocteles, uno con mezcal Montelobos; el otro con licor Ancho Reyes, de Casa Lumbre, destiladora que fusiona la biología con los métodos ancestrales de producción de mezcal.

Leopoldo Trejo
El Economista

Workshop espirituoso, artesanal, con bebidas de origen ancestral de las culturas oaxaqueña y poblana, ricas y exóticas, que fabrica la destiladora Casa Lumbre, fusionadas con la cocina mexicana del restaurante Pueblo Chico, de la Condesa, una zona de clase media ilustrada de la Ciudad de México que, al igual que los extranjeros, es seducida por la gastronomía mexicana.


En un ambiente casual, fresco, aireado y rústico, socios de El Economista Club experimentaron la preparación de cocteles con mezcal de agave Espadín orgánico, y aguardiente de caña de azúcar. Al degustar aromas y sabores, fueron testigos de lo exquisito de esta tendencia de regreso a lo ancestral, a lo local, a lo hecho a mano, a lo personalizado, que demandan comunidades de México y del mundo. Una tendencia gastronómica que huele a contracultura de la producción industrial. Montelobos es un mezcal que expresa la fusión de la biología, que da prioridad a lo orgánico, con los métodos artesanales y tradicionales, lo cual es impulsado por Iván Saldaña.  

Esta tendencia, explicó Giovani Bulnes, bartender de Casa Lumbre, inició con el boom del mezcal en Estados Unidos, hace dos décadas; de ahí se extendió al resto del mundo, a los mercados que prefieren lo ancestral “les prende lo que no es accesible”. Esta destiladora exporta sus bebidas a 40 países. Con los nombres de sus bebidas, Montelobos y Ancho Reyes, Casa Lumbre reproduce también el mecanismo lingüístico de la cultura ancestral propio de los indígenas de comunidades de Oaxaca y Puebla para nombrar a la naturaleza.

El picante, expresión de la naturaleza mexicana, está presente como ingrediente de las bebidas de Casa Lumbre, en el licor Ancho Reyes de 40°, de caña de azúcar, con el cual recupera menjurjes medicinales poblanos de los años 20 del siglo pasado. Los socios degustaron este licor con el coctel Gavilán Reyes, el cual se prepara al estilo Gin Sour, con limón, azúcar, agua mineral y refresco de toronja. “Muy dulce y picosito”, expresaron los socios al probarlo.  Del coctel Rambo la Mula, con el mezcal Montelobos, los socios aseguraron que los ingredientes limón, miel de agave y extracto de jengibre suavizan en el paladar los 43° de alcohol que contiene. “Explotaron los sabores y aromas”.

Pueblo Chico es un restaurante que ofrece 45 platillos mexicanos que se maridan a la perfección con mezcal y licor. La carta incluye productos de maíz, tacos, mole negro, aguachiles, pozole, los jueves, barbacoa, chiles en nogada, desde las 8 de la mañana hasta la 1 de la madrugada. Quien visita Pueblo Chico vive una experiencia gastronómica mexicana en sabor, calidad y servicio. Ramón Vega, responsable de la operación de este restaurante de la Condesa, comentó que “la carta se adapta a las necesidades del cliente”.

Al término del workshop, los rostros de los socios de El Economista Club lucían sonrientes, se les veía animosos. Delataban satisfacción por lo experimentado. La invitada Cinthya Flores Almaraz, mercadóloga de restaurantes y hoteles, valoró la grata experiencia gastronómica que le ofreció El Economista Club, pues disfrutó del restaurante Pueblo Chico que ofrece calidez, integración, calidad, experiencia y nuevas oportunidades. En tanto, el socio de El Economista Club Alejandro de la Rosa Bohvert consideró que las catas-maridaje le han permitido no sólo vivir la experiencia del maridaje, sino que también le han abierto la puerta a nuevas amistades. ¡Hasta la próxima!

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